El Duelo

Ya no me interesa que este texto sea el mejor, el más brillante ni el que más aprobación virtual posea. Ya no me interesa porque creo que el motivo del mismo trasciende a cualquier tipo de motivación personal e individualista que podría existir. Cuando hablamos de lo ocurrido en la ultima Dictadura Cívico-Militar, probablemente hagamos un repaso obligado del horror y la tortura, la muerte y el ocaso democrático que un genocidio de este tamaño significo para nuestro país. Pero, aunque suene soberbio e insensible, ya no quiero hablar y revolver entre esas cuestiones ni enhebrar un conjunto de frases armadas. Mas bien me gustaría decir que siempre sentí a mi país como un territorio que habita un duelo permanente y necesario por todos los episodios traumáticos y dramáticos de los cuales hemos sido protagonistas, aun quienes no fuimos protagonistas.

Negación, ira, negociación, depresión y aceptación son las cinco etapas del duelo que los especialistas encuentran en una persona tras perder a un ser querido. Y de algún modo, se me ocurrió pensar que nuestro pueblo -a lo largo de la recuperación democrática- ha convivido con todas esas etapas. No obstante, se me dificulta afirmar por cual etapa estaríamos en este momento, ya que todavía hay quienes se encargan de retroceder el reloj minimizando la herida en cifras de desaparecidos, como si ello fuera suficiente para borrar la atrocidad. O bien, todavía seguimos siendo victimas de terrorismo de Estado cuando en una provincia como Jujuy, su principal autoridad decide encarcelar a una militante política por no coincidir con su gobierno y -seamos claros- por tener la valentía de ser mujer, morocha y pelear por la igualdad de oportunidades entre ricos y pobres en una sociedad fuertemente marcada por las diferencias sociales y sus privilegios de clase.
Somos una sociedad que cuando parece haber alcanzado la aceptación de lo ocurrido para no volver a repetirlo, y con ello el repudio, los juicios y las luchas necesarias, volvemos mil casilleros ya que elegimos gobiernos cuyos planes económicos no se diferencian de los de Martínez de Hoz. La abogada de los DDHH, Mirta Mántaras, dice en su libro “Genocidio en Argentina”, algo así como que la dictadura fue el “huevo de la serpiente” de lo que vino después, es decir, el plan superior: la instauración del modelo neoliberal, pie fundamental del capitalismo financiero, en una región del continente americano. Y es por esa razón que deberíamos evitar caer en segmentaciones cuando hablamos de la Dictadura y los tiempos que corren, sin menospreciar la libertad que aun tenemos en cuanto a circulación y expresión de pensamiento y opiniones.
Pero no podemos darnos el lujo de la ingenuidad cuando vemos algunos apellidos sentarse hoy en los asientos del poder, ese que no solo es político sino económico, empresarial, mediático, corporativo y hasta muchas veces sindical, tomar las decisiones que toman.
Que no se confunda: realizar el duelo no significa olvidar ni perdonar. Pero sí encuentro necesario aceptar las cosas tales como sucedieron, no como una supuesta guerra entre dos bandos iguales en capacidad de armas y violencia, sino como todo el aparato represivo del Estado en contra de sus ciudadanos. Luchar contra la insistente teoría de los dos demonios, que se cuela como barro por debajo de las puertas e intenta pasar de pagina sin cuestionarse los porqués, los culpables, las responsabilidades.
Y aunque el presente nos llene de deja-vu cuando vemos los indices de desocupación, la destruccion de la industria nacional, la discriminación ideológica, la represión policial… aun cuando las ganas se escurran como agua en un trapo de piso que intenta borrar la sangre que muchos compañeros y compañeras dejaron por un mundo más justo, aun en ese momento tenemos que ser conscientes de que siempre que haya lucha, hay esperanza.

Y siempre que haya esperanza, habrá vida, Memoria y Justicia.

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Agustina Sosa

Comunicadora Social
Militante

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