Carta a Milagro Sala

No he dejado de pensar en vos, Milagro. No he dejado de pensar en vos desde que me enteré que quisiste suicidarte. Y los noticieros te recuerdan todo el tiempo, y también alguna que otra publicación sarcástica de portales como La Nación y TN, cuyos comentarios son insoportablemente crueles.

Pero qué te voy a hablar a vos de crueldad, a vos justamente, que venís soportando el encierro, la humillación y la impotencia hace meses. Y tu imagen intentando silenciar toda la impunidad con una tijera en tu panza, me acompaña cuando me levanto, cuando me acuesto, cuando me baño y también cuando me miro al espejo.

Y el recurrente y espantoso pensamiento sobre qué haría yo si tuviera a un tipo como Gerardo Morales enfrente, me asalta la mente cuando pongo un plato adentro del microondas, cuando rebano una rodaja de pan, cuando saco agua de la heladera. “¿En qué nos han convertido?” -pienso- a nosotros que nunca nos dejamos avasallar por el odio pero es que la injusticia se ha vuelto sedienta, erosionando la cordura y la templanza, pero no lo suficientemente fuerte como para abrir las puertas de la libertad, de tu calabozo, de la revolución en una provincia azotada por el feudalismo, el machismo y la corrupción.

Y me hablan de que impulsaste un escrache contra el gobernador, que tiraste no sé cuántos huevos y que tu hijo se compró no sé qué auto. Y me dicen que siempre fuiste bruta, torpe, violenta, sin modales. Y yo, que nunca fui a Jujuy, me dejo llevar por la intuición y la verdad de saberte creadora de tantas piletas de natación, y tantos centros médicos y odontológicos, para devolverle los dientes a los negritos y con ello, devolverle su sonrisa.

Y yo que no soy negra quiero arrancarme la piel, Milagro, porque el dolor me desgarra al ver que mi país se vuelve poco a poco tan frágil como México, o uno de esos lugares maravillosos culturalmente y saqueados por la intervención norteamericana, por los muñequitos de torta que hacen las veces de títeres que nos gobiernan, por los medios de incomunicación, por asesores de prensa como Durán Barba que son sabios en el arte de denigrar al adversario, en lugar de pelear dignamente.

No he dejado de pensar en vos, Milagro, buceando en lo que parece ser una pesadilla, buscando una bocanada de respiro y algún oráculo que me diga que todo irá mejor, aún cuando los pronósticos económicos abren incertidumbres al igual que abren importaciones, y nos tacklean las esperanzas, esas que sostenemos día a día como banderas porque no podemos parar.

No he dejado de pensar en vos, Milagro, sentada en ese tribunal, en el banquillo de acusada, y me recordó a esa icónica imagen de Dilma Rousseff frente a la Justicia en la época de los milicos, de aspecto poco “femenino”, con mirada llana y sincera, víctimas conscientes de que este mundo no tiene solución.

No creo que sea casualidad: elegiste una tijera y elegiste tu panza. La panza, el vientre, el estómago, ese lugar tan importante para las mujeres, dónde canalizamos el enamoramiento, la maternidad y también la angustia. Dónde metabolizamos las traiciones, los miedos, los golpes de la vida, las comidas que no digerimos, el machismo y sus golpes constantes a nuestro hígado. ¿Qué mariposas quisiste matar, Milagro? ¿Qué hilo de injusticia quisiste cortar, Milagro?

No voy a ser yo quién te exija que sigas viviendo esto que no es vida. Pero voy a ser yo quien te suplique que lo sigas haciendo.

Voy a preparar mi valija y en ella guardaré ropa, zapatillas y perfumes. En un gran sector quizás quepa mi dolor, en otro quizás la desesperación y en algún bolsillo dejaré espacio para las nuevas experiencias. Y en el camino sinuoso de la Cordillera de los Andes, observaré el marrón de las montañas con sus grietas, y pensaré en vos Milagro, en cada comisura de tu rostro que no conozco más que por fotos, en cada delineado de tus ojos negros como la realidad, puros como la igualdad.

Seguiré pensando triste, absurda y cotidianamente en vos, Milagro. Ojalá me esperes. Ojalá algún día nos perdones. Ojalá sepas que te necesitamos, como mujer, luchadora, parlamentaria que sos y ganaste ser.

Gracias.

 

Agustina Sosa.

 

 

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Agustina Sosa

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